Cristiano contra España

Quizás esta España, junto a la Alemania de Joachim Löw, sean las dos selecciones que más hayan perfeccionado un plan de juego en la última década. Un estilo que las ha diferenciado de todas las demás y que, por supuesto, las llevado hasta lo más alto. Y no, Portugal nunca se ha acercado a algo similar, ni en fondo ni en forma, pero en todo este tiempo han tenido un factor casi tan diferencial como decisivo: Cristiano Ronaldo. Hoy, además, Fernando Santos había ideado un plan tan perfectamente medido, que ni siquiera pudo considerarse una sorpresa que a los tres minutos de partido, su equipo ya fuera por delante. En un 4-4-2 simétrico en carriles, Gonçalo Guedes y, sobre todo, Cristiano Ronaldo, dieron una clase magistral de cómo complementar los desmarques en ruptura al espacio del primero, con la gestión del balón en transición del segundo. Mientras sus ocho compañeros defendían bajo un bloque compacto de dos líneas de cuatro a una altura muy temprana, la delantera portuguesa aprovechó cada espacio generado entre Busquets y los centrales españoles para deshilar el juego español. Cada segunda jugada tenía un jugador de rojo que conectaba con Cristiano, y fuera la situación que fuese, el siete portugués acababa encontrando a algún compañero en ventaja o, en su defecto, generándola él mismo.

Cristiano desahogó y gestionó cada transición lusa

Pero si comentamos que la selección germana era una de las pocas con estilo tan diferenciado como efectivo, esta España, a día de hoy de Fernando Hierro (y, por supuesto, de Julen Lopetegui), está a la misma altura. El técnico español apostó por Koke en el interior diestro para acompañar a Sergio Busquets y reducir ese impacto de zona de portugal, y cedió la zona de tres cuartos sus hombres de más calidad. Davis Silva escorado al costado diestro, Isco al izquierdo, y Andrés Iniesta un poco retrasado en el interior, con algo más de libertad. Y, a pesar de que, posiblemente, pocas o ninguna selección sea capaz de juntar tanto talento en tan poco espacio, fue Diego Costa quien mantuvo el sueño vivo. El delantero que menos encaja con el estilo de esta selección, seguramente el menos asociativo (y a su vez más incisivo), fue letal en lo que mejor sabe hacer. En la única jugada que España tuvo que buscar en largo al espacio, en vez de dominar desde el control, Costa fue el mejor Costa, el verdadero Diego.

Diego Costa fue esa pieza que no encaja pero, a su vez, la pieza que España necesitaba

Con Portugal replegada en un intento de mantener lo mucho que habían conseguido, las figuras de Isco Alarcón y David Silva entraron en acción. Con libertad de movimientos en la segunda mitad, comenzaron a juntarse para subir el ritmo en cada posesión, y a encontrar los espacios a la espalda de William Carvalho. Y ahí sí, España volvió a dominar. Tanto que la victoria estuvo tan cerca como lo está Cristiano del Olimpo. Demasiado.

Redactado para Garrincha Magazine

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