Marcos Llorente, Mateo Kovacic y la extensa sombra de Casemiro

La llegada de Zinedine Zidane al banquillo del Real Madrid trajo, quizás, más sorpresas de las que cualquiera hubiera podido esperar. En relación a la figura que le representaría sobre el terreno de juego, y a tenor de su pasado como futbolista, pocos presagiaban que sería un joven brasileño, tras su paso por el Oporto, quien daría forma y figura a los esquemas del francés. Carlos Henrique Casemiro se tornaría, en esos primeros meses de convulsión, en uno de los jugadores más determinantes que se habían visto sin necesidad de asistir o golear. Tras esta primera exhibición, su figura cobró una dimensión aún mayor, tanto fue así, que Mateo Kovacic llegó del Inter de Milán para, de alguna forma, ser el suplemento del brasileño ante la ausencia de éste, a pesar de los distintos perfiles que aportaban a priori.

Mateo Kovacic se presentó como un jugador vertical, rompedor de líneas.

Un segundo año de Zidane al mando del conjunto blanco dejó claro que la figura ya instaurada de Casemiro era, sin duda, uno de sus pilares fundamentales. El problema es que Mateo no terminó de cuajar, la falta de minutos y sus continuas lagunas en fase defensiva dejaban ver que sustituir a Carlos Henrique no iba a ser tan sencillo, al menos en los partidos de cierto nivel. Y ahí apareció Marcos. Cedido en el Deportivo Alavés de Mauricio Pellegrino, el joven canterano del Real Madrid se tornó, como ya hiciera Casemiro a las órdenes de Zidane, en una pieza clave e insustituible en los esquemas de su técnico. Un perfil muy similar a lo que busca y tanto ansía el francés, ese perfil de pura contención, ya sea gracias a su sobresaliente colocación sobre el rectángulo verde, o gracias a las continuas ayudas y poderío físico. Pero es que, además, Marcos reúne una cualidad que se le ha intentado inculcar a Casemiro sin demasiado éxito, esa primera entrega en corto. Esa recepción de espaldas, giro u orientación y salida simple pudiendo superar la primera línea de presión sin demasiados problemas.

Ese primer pase, ese giro con orientación que tan bien efectúa Marcos Llorente.

Y con esto llegamos al tercer año consecutivo de Zinedine Zidane en el banquillo blanco. Esta vez, por fin, con un reemplazo natural para su principal figura sobre el césped. Casemiro por fin tendrá un suplemento de su mismo perfil. ¿Esto conlleva la salida de Mateo? Si para muchos la respuesta es sí, yo tengo mis dudas. Sin ser ese perfil que precisaba Zidane, el croata es uno de esos jugadores diferentes, un perfil complicado de encontrar a estos niveles en el mercado. Una facilidad para superar líneas en vertical solo a la altura de los primeros metros de Luka Modric, y esto son palabras mayores. El problema -bendito problema- recae sobre Zidane. Que tendrá que decidir o, en su defecto, gestionar una rotación demasiado extensa para ser competitiva, al menos a priori. Lo único seguro es que, pase lo que pase, la figura de Casemiro no se toca.

Imagen: Laurence Griffiths – Getty Images.

Redactado para Balón en Profundidad.

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Sobre el tiempo y su certeza

Ese carácter sosegado, la tranquilidad desprendida en cada una de las palabras que, no solo sirvieron para convencer al público en general, sino que lograron convencer a sus hombres en particular. El acento francés que firmó la Novena, aprendió con la Décima y trajo la Undécima. En un mar bañado por la tempestad, fue capaz, contra todo pronóstico, de llevar el barco a buen puerto. Eso se esperaba de Zinedine Zidane, y así lo confirmó el paso del tiempo, juez inequívoco en las situaciones más complejas. Acabó siendo, tras largos meses, algo que parecía una utopía, pues no fue el Real Madrid de Cristiano, ni lo fue tampoco de Sergio Ramos, ni de Luka Modric o Isco Alarcón. Acabó siendo el Real Madrid de todos ellos y de hasta diecinueve jugadores más, acabó siendo el Real Madrid de Zinedine Zidane.

Una gestión que llevó a destacar la figura de todos como una sola.

Analizar las claves que llevaron a este Real Madrid a levantar su trigésimo tercer título liguero, sin ser complicado, tampoco sería breve. La importancia de la profundidad y generación de Marcelo y Carvajal, el bloque defensivo ligado a la figura de Casemiro, las heroicidades de Sergio Ramos, el dominio de Toni Kroos y Luka Modric, el último mes de Keylor Navas y la mera presencia, otro año más, de Cristiano Ronaldo. Un plan A autosuficiente a la par que contundente y que, además, se vio acompañado por un fantástico plan B. La consagración de Nacho, la verticalidad de Mateo Kovacic, la irrupción de Marco Asensio, la perseverancia de Álvaro Morata y, por supuesto, la magia de Isco Alarcón. Un porcentaje de activación de la plantilla que nunca antes, posiblemente, se había podido disfrutar en el Santiago Bernabéu, escenario principal de tal hazaña.

El componente emocional sobrepasó el técnico y táctico.

Y es que, las dudas generadas en tantas noches desde su llegada, la falta de historial y de, en varias ocasiones, recursos, no fue impedimento para que el técnico francés se valiera de su principal y más importante arma. Hizo creer a un grupo de estrellas, de trabajar por el equipo, de pelear cada minuto por corto que pudiera parecer para algunos. Si la Copa de Europa levantada el año pasado se sirvió gracias a las individualidades, este año la Liga ha llegado gracias la unión y trabajo por un mismo objetivo. Y al final, lo que parecía una odisea a la deriva, terminó por confirmarse con el tiempo. Un tiempo que no falla y cuya certeza, a fin y al cabo, es absoluta. Eso es, ha sido, y será, el Real Madrid de Zinedine Zidane. Un equipo que pasará a la historia.

Imagen: Octavio Passos – Getty Images

La última fragancia europea del Vicente Calderón

Manuel Gómez

El último derbi que podrá disfrutar el Vicente Calderón llega con ese aroma especial de cita importante, de, sin duda, lo que puede ser una cita para el recuerdo. En el mejor escenario, como es Europa, y con todos los focos centrados sobre él, pese al contexto adverso que podría suponer lo visto hace apenas una semana en el Santiago Bernabéu. Cosas del destino, por justificarlo de alguna manera, el último partido del equipo de Diego Pablo Simeone en este escenario será, posiblemente, totalmente opuesto a lo vivido durante estos últimos años, por regla general, a orillas del Manzanares. Seguir leyendo “La última fragancia europea del Vicente Calderón”

Marcelo y Carvajal para profundizar

Manuel Gómez

Casi temporada y media después de que Zinedine Zidane cogiera las riendas del Real Madrid, se pueden sacar dos conclusiones claras, a la par que esclarecedoras. La primera y más importante, o al menos se presuponía así, es que, estando disponibles, nadie puede debatir sobre la BBC. Consecuencia de esto, o eso pensábamos, se determina la segunda consigna, y es que, al igual que sus tres máximas estrellas, el lugar de Casemiro está en el once titular. La cuestión es, que meses después de su primera apuesta, la BBC pasa por su peor momento, muchas veces ni siquiera coincide sobre el terreno de juego, pero, aun así, Casemiro se mantiene en el once.

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El Real Madrid sin Casemiro

Manuel Gómez

No voy a negar que pensé que sería bonita, que en casa y ante una Unión Deportiva de capa caída la prueba sería factible, pero nada más lejos de la realidad, me topé con la realidad de bruces. El plan de Zidane desde su llegada al banquillo blanco fue muy clara, el juego del Madrid se basaría en la solidez defensiva que ofrecía su 4-3-3 con Casemiro ejerciendo de pivote por detrás de Toni Kroos y Luka Modric.

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Solidez en el Santiago Bernabéu

Volvió a ganar el Real Madrid en casa, no con su mejor juego, pero sí gracias a esa solidez defensiva que lo caracterizó durante tanto tiempo hace no demasiado. Zidane apostó por su clásico 4-3-3 con Mateo Kovacic acompañando a Casemiro y Toni Kroos, con Lucas, Cristiano y Benzema en la línea de ataque.

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El Sánchez Pizjuán creyó

Se antojaba imposible que el Sevilla de Jorge Sampaoli, tras lo visto en el Santiago Bernabéu, pudiera con un Real Madrid en estado de gracia, pero se antojaba así para todos menos para el propio Sampaoli que, como habitúa en sus equipos, logró adoctrinar a los suyos con la única de idea de remontar.

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Racha de campeón

Los fantásticos primeros cuarenta y cinco minutos vistos ante el Sevilla fueron, nada más, la previa de lo acontecido posteriormente ante el Granada, donde la presión en tres cuartos se volvió a tornar vital para un Real Madrid que no encontró rival sobre el césped.

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