Muchos nombres en Francia

Debutó la Francia de Didier Deschamps en Rusia denotando lo que viene siendo en los últimos años y, es que, más allá de las excepcionales individualidades, el técnico francés no ha conseguido que su equipo terminé de encajar como un engranaje a la altura de lo que demanda un serio candidato al título. En su estreno mundialista, la sorpresa saltó en la delantera, poniendo sobre el terreno de juego su arsenal más vertiginoso e incisivo, dejando de lado esa figura de referencia tan habitual en el equipo de Didier. Por delante de Kanté, Tolisso y Pogba, que conformaban el centro del campo, Ousmane Dembélé, Kylian Mbappé y Antoine Griezmann formarían la punta de ataque en busca de esa movilidad y versatilidad que pudiera desquebrajar el sistema defensivo australiano. Lejos de eso, el histórico encuentro (estreno del VAR, para bien de este deporte), sacó a la luz las carencias de un conjunto tan apático en estático, como peligroso en transición. Tolisso ejercía abarcando campo para acompañar a Kanté, mientras que Pogba o bajaba a la raíz de la jugada y ralentizaba la salida, o se estiraba y partía la jugada reduciendo la fluidez del movimiento.

Francia sigue sin encontrar un contexto favorable a Pogba, y la circulación de balón carece de fluidez en estático

Ante una selección australiana que optó por un repliegue bajo para juntar líneas y reducir espacios, el problema fue cimentándose desde bien temprano. Ni siquiera los constantes cambios de posición entre Griezmann y Mbappé lograron generar algún espacio y, salvo en jugadas aisladas por la propia inercia de la calidad en sus jugadores, Francia no era capaz de generar verdadero peligro sobre la portería de Ryan. Australia tenía claro que el balón iba a estar en los pies de Francia, y jugó con eso. A la falta de ritmo que ya de por sí le imprime el equipo de Deschamps, los australianos ayudaron con pequeñas desconexiones transitando en horizontal en cada robo para dormir, en la medida de lo posible, el encuentro. Y ahí apareció la figura de Aaron Mooy. El número trece absorbió el balón como suyo en cada posesión de su equipo, gestionó cada momento y organizó el centro del campo para desconectar a su rival. Pero si esta Francia tiene un gran déficit en ataque posicional, también tiene una gran ventaja en transición, y apenas una fue suficiente para mostrar el potencial de sus jugadores de ataque. De cada uno de eso nombres que, de momento, brillan más por separado que como equipo.

Redactado para Garrincha Magazine

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