El príncipe de Francia

Les tocó esperar y sufrir, sobre todo sufrir, pero el Atlético de Madrid volvió a levantar un título europeo de la mano de Diego Pablo Simeone. Y lo hizo de la mejor manera posible, fiel a su estilo, sin titubear, y dejando en prácticamente nada a un Olympique de Marsella que, por muy poco, se quedó sin poder asustar.

Se puede definir la efectividad de muchas formas y con muchos ejemplos pero, seguramente, pocos mejores que el visto hoy en el Stade des Lumières. Por si fuera poco, y para cerrar una noche que pasará al recuerdo, Fernando Torres pudo despedirse de su afición con los pies en el césped. Con una merecida ovación, como la que merece cualquier leyenda de club.

En el conjunto marsellés, Rudi García apostó por un doble pivote formado por Andre Anguissa y Morgan Sanson en detrimento del talento de Maxime Lopez, una presión alta y un intento de encerrar, cuánto antes mejor, al conjunto rojiblanco. Como muestra de ello, ese peculiar saque de centro que, pese a no ser la primera vez, siempre sorprende en unas circunstancias de tal magnitud. Salió a dominar, a intentar asustar desde el primer momento, y a forzar el repliegue bajo de su rival; algo que consiguió y que evidenció, en los pies de Valere Germain, que en determinados momentos, más allá de lo estrictamente futbolístico, está lo emocional. No fue el final, pero sí su comienzo. La idea era presionar arriba, robar rápido y buscar a Dimitri Payet para que lanzase a Thauvin o a Lucas Ocampos, con lo que eso suponía. Y es que el Atleti robó poco, y no generó situación de ventaja, pero Antoine Griezmann y Diego Costa esperaban arriba, por lo que el mínimo fallo iba a ser penalizado.

Rudi García planteó un escenario atrevido para dominar, pero acabó siendo penalizado

Pese a todo y, durante casi media hora, el Olympique creyó, se vio superior y, lo que es más difícil, vio vulnerable al Atleti. Pero nada más lejos de la realidad, en apenas diez minutos, como si de una moneda se tratara, la cara se volvió cruz, y el Marsella comenzó a desvanecerse para que el conjunto español creciera a partir de los fallos, de las imprecisiones, y de toda muestra de inseguridad de su rival. Tanto fue así, que solo dos errores fueron suficientes para tumbar el planteamiento de Rudi. Y es que en esto de penalizar, pocos como Antoine Griezmann. Unida a la primera penalización, llegó la lesión de Payet y, al igual que él, las esperanzas del conjunto francés salieron del campo antes de tiempo. El dominio con balón en campo contrario se transformó en pérdidas e imprecisiones, Ocampos desde el costado izquierdo, y Sarr desde el derecho intentaron paliar la caída, pero era demasiado tarde. Sí, fue Sarr ante la poca presencia de Thauvin la clave en su carril, y sí, evidenció gran parte de los problemas a la hora de generar de su equipo

A campo abierto, y con un contexto idílico, el Atleti no tuvo rival. El despliegue de Koke para gestionar, de Antoine para conectar y de Diego Costa para llegar hicieron el resto. Era el plan que había ideado Simeone y, una vez más esta temporada, le iba a funcionar. Griezmann terminó por coronarse en casa, Gabi comenzó a levantar el trofeo mucho antes y de una manera que nadie esperaba, y el Atleti se proclamó campeón.

Redactado para Garrincha Magazine

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