La misma batalla de siempre

Esperaba expectante el Metropolitano, como aquel batallón que, con una estrategia bien definida, sabe que se acerca la guerra. Y es que el Atleti en casa juega con mucho más que once jugadores, y eso que esta vez el Cholo Simeone vislumbraría su obra desde la lejanía; pero ni siquiera eso impediría que su plan se llevara a cabo tal y como lo había ideado. En Lyon ya espera la Europa League un nuevo campeón, y el conjunto rojiblanco viajará directo a por el título tras imponerse, en la despedida europea de Arsène Wenger, a la viva imagen de lo que ha sido el Arsenal los últimos años.

El contexto favorable gracias al 1-1 de la ida permitía al técnico argentino alinear un bloque bajo y compacto con su característico 4-4-2 para, como a él le gusta, esperar y contragolpear. La idea era tan simple como acostumbra pero, a su vez, acertada; más aún teniendo en cuenta lo que el Arsenal había dejado ver en la ida, y estaba dejando ver en los primeros compases del encuentro. Era su batalla de siempre, la que siempre le había dado resultados, en la que confiaba y confía, ciegamente, Diego Pablo. No necesitaba mucho más, el plan era tan sencillo que apenas el correcto funcionamiento de dos piezas era suficiente para poder llevarse a cabo con fiabilidad. Diego Godín, imperial desde el minuto uno, fue la primera de ellas. Si el Arsenal fue capaz de generar un mínimo de peligro sobre la portería de Oblak, él mismo se encargó de apagar cada intento de prenderse la llama. Rápido y contundente, recordó a su mejor versión de allá por 2014. En segundo lugar, Diego Costa. Lo hizo todo, y todo lo hizo bien. Seguramente, su actuación hoy haya sido, a nivel individual, una de las más imponentes en la presente edición, y eso que la Europa League arrancó hace diez meses. Con un nexo del nivel de Antoine Griezmann, solo quedó esperar.

El Arsenal fue más Arsenal que nunca, y no precisamente para bien

Arsène apostó por su once más fiable, estructurando un 4-3-3 totalmente asimétrico con Ramsey y Wilshere por delante de Granit Xhaka, pero por detrás de Mesut Özil, Welbeck y Lacazette. El alemán, que comenzó en el costado derecho, pronto dejó verse por zonas interiores para intentar que mejorase la circulación, pero el entramado rojiblanco permitía muy poco a la espalda de sus mediocentros, donde más cómodo se ha sentido él siempre. Con Welbeck desaparecido y el Alexandre Lacazette ante la figura de Diego Godín, las intentonas gunners quedaron aisladas a momentos puntuales de sus tres hombres interiores que, lejos de estar acertados, cayeron en la trampa una y otra vez. El Atleti forzaba a dirigir los ataques a sus costados, el Arsenal se volcaba, y ahí comenzaba la emboscada. Una tras otra, y acampo abierto en cada robo, donde Diego y Antoine son infalibles, el 1-0 fue lo de menos. Al final, el delantero hispano-brasileño acabó con más disparos a puerta que todo el Arsenal al completo, estadística que, seguramente, mejor defina lo que han sido estos 180 minutos de eliminatoria: una batalla que nunca tuvieron opción de ganar.

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