Ni siquiera Edin Džeko

El Olímpico de Roma esperaba expectante, quizás parecía imposible o demasiado lejano, pero los precedentes estaban ahí. Si no, que se lo digan a Shakhtar o Barcelona. Y Eusebio Di Francesco lo sabía, al igual que también sabía lo que tenía que cambiar si quería hacer daño a un Liverpool que aún no había saboreado el dolor de la derrota en la presente edición de la Champions League. Lejos de aquel 5-3-2-1 visto en Anfield, que Salah y, sobre todo, Roberto Firmino, rompieron sin piedad alguna, el técnico italiano apostó por mover sus piezas, acompañando a Edin Džeko en detrimento de su línea de cinco, con lo que eso suponía. Hoy no bastaba con defender, él mismo lo decía antes del partido, y su mejor vía para generar peligro, por no decir la única, pasaba por los pies del bosnio. Aislado hasta el minuto setenta en la ida, hoy podría bailar bien acompañado desde el primer minuto con El Shaarawy en el costado izquierdo, y con Patrik Schick ensanchando por derecha para, por supuesto, terminar cargando el área. El plan tenía mucho sentido, tanto como riesgos si cada una de las piezas no estaban perfectamente engrasadas en cada transición defensiva, y así quedó evidenciado.

El Liverpool de Jürgen Klopp penaliza cada fallo, sin importar cuál sea.

Lo visto en la primera media hora de Anfield, por inverosímil que pudiera parecer, es la realidad más fidedigna de lo que Klopp ha construido. Tanto es así, como que vive por inercias e intervalos, y no siempre logran ser tan largos y constantes. Hoy Roberto Firmino volvió a dejar su sello, esta vez firmando con Sadio Mané, pero no pudieron prolongarlo. La Roma, pese al contexto tan adverso, volvía a levantarse una vez más para intentar llevar a cabo el plan de su entrenador. Pellegrini por derecha y El Shaaraway por izquierda conseguían conectar con Edin, y Džeko, una vez más, demostró que su temporada no era una casualidad. Todo lo que un delantero es capaz de ofrecer a su equipo lo hizo, y lo hizo bien. Lo suficientemente bien como para mantener el sueño de una ciudad vivo hasta el minuto sesenta. El problema es que hay ciertas cosas que son demasiado difíciles de explicar, la Champions League, en según qué momentos, es una de ellas. Y si es complicado explicar y entender el porqué ayer el Bayern no consiguió marcar más que dos goles, lo mismo pasa hoy con la Roma. Fue superior y generó suficiente, Edin ejerció de figura dominante sobre Lovren y Van Dijk pero, hasta que el sueño no parecía esfumarse del todo, no fue cuando Nainggolan consiguió superar a Karius, al final, por partida doble. La Roma remó durante 180 minutos, prácticamente lo llevaba haciendo desde el comienzo de la competición, pero acabó muriendo en la orilla y, ni siquiera Edin Džeko, fue capaz de salvarla.

Redactado para Garrincha Magazine

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