Dominaba Kroos, pero apareció Antoine

Manuel Gómez

Quizás uno de los derbis con menos historia trascendental de los últimos años se disputaba en el Santiago Bernabéu. El Real Madrid de Zinedine Zidane saldría con su once de gala, once donde, para el técnico francés, de momento no tiene cabida Isco. Bajo un 4-3-3 con Casemiro reforzando a Kroos y Modric, y la BBC en punta de ataque, el plan no le salió del todo mal a Zidane, aunque los méritos, quizás, deberíamos dárselos a Diego Pablo Simeone.

El argentino optó  por su 4-4-2 habitual, eso sí, con Carrasco en banda derecha para intentar aprovechar las carencias defensivas de Marcelo. Con Torres en punta ante la ausencia de Gameiro, la idea era concisa: repliegue bajo, dos líneas de 4 y búsqueda en largo en los errores del rival.

Dominó Toni Kroos, y el Atleti se quedó sin ideas.

El guión del partido pronto cogió la forma que ambos entrenadores habían dispuesto. El Madrid presionaba en tres cuartos a diferentes alturas, eso sí, no de una manera excesivamente ordenada. Si robaban rápido, otra vez repliegue del Atleti y movimientos muy horizontales blancos, sin peligro. En caso de no lograrlo, orden blanco para dejar al conjunto rojiblanco elaborar, cosa que no logró en ningún momento. Ahí comenzó a brillar la figura de alemán y, sobre todo, la de un gran Marcelo en parcela ofensiva. El ataque blanco comenzaba a volcarse por ese costado, salvo ocasiones excepcionales forzadas por Carvajal ante la ausencia de participación de un pobre Gareth Bale. El transcurso de la primera mitad se basó en su totalidad en esas dos premisas: domino blanco y repliegue colchonero. El equipo del Cholo no es que no lograra atacar, es que pareció, por momentos, que no lo intentaba. Prefería mantenerse replegado dejando pasar los minutos del reloj.

La ausencia del alemán propició la aparición de Antoine Griezmann.

Con el 0-0 en el marcador, el argumento que intenta evidenciar que el balón parado no se entrena volvió a perder peso. El guante de Toni, cómo no, sirvió en bandeja para que Pepe, con un perfecto remate sobrepasase a Oblak, inmenso hasta el momento. Y entonces, con todo de cara, pecó Zidane. Sirviendo el resultado, intentó volver al Madrid 2016, a no sufrir sin balón. Para ello entraron, primero Isco, y posteriormente Lucas Vázquez. Pero la marcha de Kroos pesó demasiado. El Madrid perdió cualquier tipo de control, se vio sin opciones de salir y acabó replegado a la espera de que, en lo que restaba de partido, al Atleti no se le encendiera la luz. Cosa que con Griezmann o Carrasco en el campo quizás era demasiado pedir, y más tras la entrada de un agitador perfecto como es Ángel Correa. El argentino acabó sirviendo a Griezmann para que el francés hiciera lo que mejor saber hacer: marcar y, por consiguiente, fijar el empate que reflejaría el marcador final.

Imagen: Gonzalo Arroyo Moreno – Getty Images

Redactado para Garrincha Magazine

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