Leo Messi contra todo

No pasó a la final, no ganó el partido y no podrá celebrar, pero el Atlético de Madrid volvió a evidenciar, como ya hiciera en los últimos cuarenta y cinco minutos del Vicente Calderón, que ofrece y propone más que el FC Barcelona de Luis Enrique. Un Barça que ante la ausencia de Neymar formó bajo un 4-4-2 en busca de mostrar más solidez, pero que lejos de conseguirlo, dejó peor imagen que la mostrada la última semana.

Los chicos de Simeone saltaron al campo con la lección bien aprendida. Presión intensa sobre la salida de balón de Gerard Piqué y Samuel Umtiti-principales damnificados del plan blaugrana-, y movimientos muy verticales tras robo de balón; generar una sensación de asfixia irremediable en rival, notar el calor rojiblanco cerca. Dicho y hecho, el dominio del Atleti durante la primera media hora fue total, pero como acusan la mayoría de equipos, la falta de acierto se vio plasmada en los rostros colchoneros. Fernando Torres y Yannick Carrasco no estuvieron a la altura del duelo, y Antoine Griezmann, que hace muchas cosas y muy bien, se veía demasiado solo como para superar a un buen Jasper Cillessen -otra vez-.

Una y otra vez, siempre Leo Messi.

Muy mal acostumbrados nos tiene Leo, pero que siga siendo así. Cuando peor lo pasaba su equipo, cuando más intensa era la presión rival, y más sufría el Camp Nou, el astro argentino volvió a aparecer. Da igual el rol que desempeñe, da igual la zona del campo que ocupe o la marca que tenga consigo, puedo con todo y es capaz de luchar contra todos Leo Messi. Eso sí, esta vez no bastaría una genialidad suya para hundir el barco enemigo. El equipo de Diego Pablo Simeone bien se ha diferenciado por mostrar un carácter competidor excelso, único en su medida, y así lo hizo, una vez más, ante Leo. No fue suficiente, pues pesa más el acierto en el área que todo lo demás, aunque el Barça carezca de sistema, pues carece total y directamente de él, en detrimento de sus centrocampistas. Pero volvimos a ver la garra de hace no tanto. Una garra que arañó, pero no definió, como no lo hizo Griezmann, ni lo hizo Gameiro, ni fue capaz de hacerlo Correa a pesar de sus buenos minutos, desequilibrando y mostrando la destreza que desenvuelve. Con todo y eso, el Barça firma su cuarta final de Copa del Rey consecutiva, ya sea por juego, o por Leo Messi.

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