Anarquía en el Celta de Eduardo Berizzo

Demasiado se ha hablado este último fin de semana sobre Balaídos, y muy poco sobre el equipo que ampara el estadio vigués. Habiendo pasado el ecuador de la temporada, el conjunto de Eduardo Berizzo vuelve a situar sus aspiraciones muy por encima de lo que nadie esperaba, esta vez con un objetivo por encima de todos: la Copa del Rey. Para comprender la complejidad de la situación, y entendiendo las necesidades de su equipo, el Toto Berizzo hizo de la debilidad de los demás, una virtud de sus jugadores.

Al final, los equipos que acaban peleando en la zona noble se diferencian, principalmente, en dos aspectos que ausentan en los demás: un bloque defensivo especialmente sólido y un ataque, ya sea colectivo o individual, potencialmente más efectivos que los demás. Si careces de alguno de los dos, acabas por no luchar en la zona alta. En función de eso, y ante la ausencia de no uno, sino de los dos aspectos antes mencionados, el Celta ha plasmado una idea que rompe los habituales esquemas tácticos del fútbol contemporáneo, y es por eso que lo hace un equipo de lo más especial.

Si no puedes dominar el orden, reina en la anarquía.

El plan del Celta es sencillo de entender, complicado de efectuar y casi imposible de igualar. Y no por la dificultad de este, sino por la integridad de sus piezas que deben asumir roles muy diferenciados. Acostumbrados a equipos que pretenden dominar, el Celta no busca nada parecido; es capaz de comenzar cediendo terreno o llevando la iniciativa para acabar rompiendo cualquier guion. Busca el desorden como cualquiera busca la luz, y una vez lo encuentra, lo exprime. Ahí entran en juego varios nombres propios. El primero de ellos, Nemanja Radoja, sustenta el centro del campo junto al Chelo Díaz, pues el desorden comienza desde atrás. Capaces de cerrar los espacios generados, y de aprovecharlos cuando estos no pueden ser cubiertos. Por delante, o en la derecha, o donde Eduardo quiera, aparece Daniel Wass. Una pieza tan importante como difícil de encontrar, la polivalencia hecha persona. El desgaste de una gota de agua que poco a poco hace grieta en la roca. Los movimientos del danés precipitan y desorientan al rival, llegando al pilar celtiña. Ahí aparece Iago Aspas, estandarte de un equipo que, al final, siempre compite. Esa pieza necesaria para desequilibrar en los momentos importantes, ese jugador capaz de echarse el equipo a sus espaldas, comprender las necesidades del mismo, y actuar en función de ello.

En base a esas premisas, donde ningún equipo es capaz de sentirse cómodo, el Celta de Eduardo Berizzo ha conseguido encontrar esa identidad característica que lo define, y que pese a conocerse, no es nada sencillo de parar. Donde nadie es capaz de imponer orden, el Celta muestra su mejor versión.

Imagen: Denis Doyle – Getty Images

Redactado para Garrincha Magazine

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