Pato no se convertirá en cisne

La de Alexandre Pato no es una historia banal. Alexandre Rodrigues da Silva, más conocido como Pato, nació hace veintisiete años en la localidad brasileña de Pato Branco. A los once años y tras fracturarse el brazo en dos ocasiones, sus padres lo llevaron a varios especialistas, pero ninguno conseguía dar con un diagnóstico certero. El tiempo se agotaba pero entonces, como un oasis en medio del desierto, apareció Paulo Roberto Mussi, traumatólogo de la ciudad paranaense que da nombre al futbolista carioca.

Paulo descubrió que el joven Alex tenía un tumor en su brazo derecho; el niño tenía que ser intervenido de urgencia o sufriría la amputación de su extremidad puesto que el quiste óseo “debilitaba la parte externa de sus huesos hasta convertirlos en cáscara de huevo”. Dicho y hecho. El reputado doctor extirpó el tumor y rellenó el vacío con un injerto de tejido óseo procedente de la cadera del pequeño. A los ocho meses Pato ya caminaba con normalidad, todo un éxito.

Una vez recuperado, comenzó el ascenso meteórico en la carrera del futbolista brasileño. A los trece años ingresa en las categorías inferiores del Internacional de Porto Alegre, a los diecisiete debuta en el Brasileirao con doblete y ese mismo año gana el Mundial De Clubes ante el Barcelona de Ronaldinho, Iniesta, Rijkaard…Una auténtica proeza.

Alexandre Pato ya destacaba a su precaria edad.

El talento de Pato no pasó desapercibido en el viejo continente y fueron varios los equipos que preguntaron para hacerse con los servicios del joven delantero. El Milán se llevó el gordo, veintidós millones de euros-la cantidad más grande de la historia desembolsada por un futbolista menor de edad- tuvieron la culpa de que Pato acabase firmando con el club rossonero.

Su debut oficial con el Milán fue el deseado por todo killer, victoria y gol. Pato acabaría esa temporada disputando un total de veinte encuentros en los que consiguió ver puerta en nueve ocasiones. Sin embargo, la eclosión definitiva de Alexandre llegaría una temporada después. En su segunda campaña a las órdenes de Carlo Ancelotti, Alexandre Pato alcanzó los cincuenta goles, igualando el estratosférico récord, hasta ahora propiedad de Giuseppe Meazza. Ese mismo año ganaría el Golden Boy, premio otorgado por el diario italiano “Tuttosport” al mejor futbolista menor de veintiún años.

El pato-branquense había irrumpido con fuerza en Europa y clubes como el Chelsea, Arsenal o Barcelona no tardaron en llamar a la puerta de los diavoli. Sin embargo, Pato decidió quedarse en territorio italiano e intentar triunfar en la squadra milanista. Pero cuando mejor se encontraba el habilidoso punta brasileño, apareció ese mal que todo deportista teme, sí, me refiero a lesiones. Pato entró en una espiral de lesiones musculares, que no solo le impedían jugar al fútbol, sino que también hicieron mella en su confianza. Las constantes recaídas provocaron que en 2013 el Milán decidiese traspasar al ariete. En los tres años siguientes Pato pasaría, sin pena ni gloria, por tres clubes distintos: Corinthians, Sao Paulo y, finalmente, el Chelsea.

Pero el futuro de Pato le tenía guardada una última sorpresa.

Cuando parecía que la llama del atacante se consumía por completo, le llegó una nueva oportunidad. Su agente, Gilmar Veloz, recibió la llamada del Villarreal, que deseaba hacerse con los servicios del branquense y dar un salto de calidad de cara a la presente temporada. Pato no dudó ni un instante. Tenía la oportunidad de volver a la élite del fútbol mundial de la mano del “submarino amarillo”.

El conjunto castellonense se presumía como el marco perfecto para que Pato pudiese plasmar su mejor versión. Un club familiar, que mima al jugador; dónde la presión mediática es ínfima para tratarse de un equipo acostumbrado a codearse con los “titanes” de nuestra liga, y lo más importante, un estilo de juego que asume como dogma el buen trato del esférico.

Poco a poco Pato se fue ganando la confianza del míster. Una tarea complicada ya que desde el comienzo de la liga, una plaza del ataque villarrealense quedó adjudicada-por sus sobresalientes actuaciones- para Nicola Sansone, delantero italiano que se ha convertido en una de las revelaciones de la Liga Santander.

Entonces llegó el partido contra el Sporting de Gijón. Corría la decimosexta jornada del campeonato liguero y el Villarreal visitaba el Molinón. Los de Escribá salieron con un 4-4-2, con Alexandre Pato y Sansone como referencias atacantes. La exhibición del brasileño aquel día recordó al Pato imberbe que deslumbró al mundo del fútbol cuando apenas había cumplido la mayoría de edad. Marcó un gol, aunque pudieron ser más, y dio una clase magistral de regates, desmarques y entrega. Como si fuese el mago más laureado, Pato sacó de una chistera que no parecía tener fin, jugadas y detalles técnicos que, inconscientemente, nos extrapolaron a su etapa como rossonero. El Villarreal se llevó la victoria, y nosotros creímos haber visto la resurrección futbolística del brasileño.

Un “final” demasiado feliz para ser cierto, ya que en el presente mercado de fichajes, Alexandre Pato, para sorpresa de todos, ha fichado por el Tianjin de la Súper Liga China. Con esta decisión, Alexandre dice adiós a la posibilidad de recuperar su mejor versión y volver a copar titulares por sus actuaciones sobre el verde. Los románticos del fútbol lamentamos su marcha… Alexandre Pato no se convertirá en cisne.

Imagen: Manuel Queimadelos Alonso | Getty Images

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