En los pies de Pablo Sarabia

La realidad y dimensión del fútbol español, o mejor dicho, del fútbol de la Liga Española, quizás no se valore hasta dentro de unos años cuando se pueda ver con perspectiva, pero sin duda alguna, está por encima de cualquier otra liga. Y eso, a la vez que trae cosas buenas, se autoimpone sus propias exigencias.

El claro dominio español en Europa los últimos tres años deja suficientemente claro el nivel competitivo y remarca la importancia, vital en estos tiempos, de disponer de más de once jugadores que puedan dar el nivel en cualquier clase de situación y contexto. Esto mismo siempre se ha ligado a las largas y profundas plantillas de Real Madrid y Barcelona -unamos al Atlético en los últimos años-, pero ya en tiempos de Unai Emery y, sobre todo, ahora con Jorge Sampaoli, se ha tornado de mayor prioridad en un Sevilla que quiere aspirar a todo.

Rotación y diversificación en el Sevilla de Jorge Sampaoli.

El técnico argentino, que parece haber logrado un equilibrio notable entre los integrantes de su plantilla, contextualizando cada partido y variando en función de tal, y otorgando minutos en cantidades muy pareadas entre más de los once jugadores que podría considerar titulares, cuenta con una figura que, sin llamar demasiado la atención, se ha acabado ganando la confianza de Jorge para poder asegurar, casi con certeza, que es su pieza número doce. Pablo Sarabia, que ya brilló en un Getafe totalmente oscuro la temporada pasada, mantiene esa luz en este Sevilla. Quizás era complicado imaginar de esta importancia, y más sabiendo que Sampaoli apuesta en su gran mayoría por un 3-5-3 que le dejaba, a priori, con hueco en apenas dos posiciones, pero el paso de los partidos, las variantes del técnico, y el juego del español han demostrado que las ideas preconcebidas muchas veces sin equivocadas.

La versatilidad de Pablo Sarabia le sumó a los planes principales.

Su interpretación del juego le ha dado una gran ventaja respecto a otros compañeros, y su polivalencia adaptándose a las diversas demarcaciones le ha acabado concediendo esa primera oportunidad cuando el partido necesita un cambio de ritmo. Desde el carril izquierdo al derecho pasando por las demarcaciones interiores, llevando el tempo en tres cuartos como mediapunta, y solventando a balón parado, gracias a su exquisita pierna izquierda, más de una situación complicada para este Sevilla. A sus 24 años, el margen de mejora es evidente, y con Sampaoli en el banquillo pocos dudan de que pueda rendir mucho más a medio plazo, aunque la clave de Pablo, quizás, sea esa función de revulsivo. Esos minutos donde el colectivo rival ha rebajado marchas y él puede dirigir con más tiempo de interpretación, pues de ejecución no necesita más. La duda que abarca, y que seguramente de tiempo a solventar de aquí a final de temporada, es la de su nivel con noventa minutos por delante en situaciones y contextos de máxima exigencia competitiva.

Si ya de por sí la competitividad del Sevilla se veía incrementada con un Jorge Sampaoli capaz de todo desde la dirección de campo, con claves como Pablo Sarabia decir que es aspirante es, como poco, una realidad. Unido al destape de Steven N’Zonzi, la magia de Samir Nasri, el temple del “Mudo” Vázquez, la verticalidad de Vitolo, o la calidad de Stevan Jovetic; el Sevilla es más Sevilla, y puede mirar hacia arriba sin miedo a caerse.

Imagen: Ander Gillenea – AFP/Getty Images

Redactado para Garrincha Magazine

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