Desorden en Balaídos

La cita que se presentaba en Balaídos no necesitaba carta de presentación. El duelo más igualado de los cuartos de final de la Copa del Rey se decidiría en tierras gallegas, tras una renta mínima para el conjunto de Eduardo Berizzo que, sin ir más lejos, y adelantando acontecimientos, ganó la partida en todo momento a Zinedine Zidane. Modificó el planteamiento propuesto en la ida el técnico argentino en cierta medida, pero con la misma premisa en varias fases del juego.

Replegado en campo propio, en fase defensiva el Celta mantuvo la misma línea que en el Santiago Bernabéu pero, tras robo, el concepto del Toto fue bien distinto. Si hace una semana veíamos como Theo Bongonda asumía prácticamente todo el peso del ataque vigués, acompañado siempre de un inconmensurable Iago Aspas, hoy sería John Guidetti el elegido para comandar la ofensiva gallega. Se pasó de volcar el juego al sector izquierdo, a buscar las segundas acciones tras lucha del sueco de por medio.

El vértigo pudo con el Celta, pero el Madrid no se encontró a sí mismo.

El plan del Celta dejaba prácticamente todo el peso del juego en las botas de los jugadores blancos. Bajo un 3-5-2, intentó Zidane buscar ese cambio que activara a los suyos, pero lejos de la realidad, el Real Madrid no se sintió cómodo en ningún momento. Casemiro acompañó a Ramos (escorado a derecha)y a Nacho en la línea de tres, por delante Danilo y Asensio partían como carrileros, dejando el círculo central a Toni Kroos, Mateo Kovacic e Isco, un plan arriesgado a la par que sin sentido. Pese al actividad del lateral brasileño, y a los intentos de Mateo de romper líneas, el ataque del Madrid se veía apático. Cristiano intentaba sin acierto alguno, Karim ni siquiera apareció en el papel, y quedará constancia en el guión, pero es preocupante lo del delantero francés. Todo lo contrario ocurría con el delantero sueco del Celta que, a la primera que tuvo, no perdonó. No hay mejor ejemplo del desorden blanco en transición defensiva que el desbarajuste que tuvieron Casemiro, Sergio Ramos y Danilo en la acción del gol.

La eliminatoria estaba prácticamente igual, pero el Celta ganó en confianza.

Pero el vértigo de la situación acabó haciendo mella. El Celta no termino de creerse superior, y se dispuso a replegar a toda costa, sacrificando el poco ataque del que disponía. En estas, Cristiano hizo su aparición. No está bien y, posiblemente, sea el segundo jugador que menos aporte tras Karim al juego merengue, pero siempre lo intenta y, al final, casi siempre lo consigue. En resumidas cuentas, Sergio Álvarez apenas pudo ver salir el balón de la bota de Cristiano, pero sí pudo verlo entrar directo en la red. Ahí estaban otra vez, tirando de heroica, pero no siempre la llamada obtiene respuesta. La falta de dirección de campo de Zidane condenó lo que podía haber sido un final totalmente distinto. El paso de minutos, y la necesidad de un cambio que revolviera todo quedó en el olvido y el conjunto de Berizzo, por fin, se lo creyó. Iago Aspas comenzó a desplegarse y a asociarse con Daniel Wass como principal acompañante hasta que, al final, hizo efecto. Ni siquiera el cabezazo de Lucas Vázquez en el noventa pudo salvar la situación en Balaídos, pues en ningún momento dio la sensación el Madrid de verse superando al Celta.

Imagen: Miguel Riopa – AFP/Getty Images

Redactado para Garrincha Magazine

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