Iago Aspas en el Santiago Bernabéu

Es curioso ver las vueltas que da el fútbol de un día para otro, o eso debe de estar pensando Zidane tras perder, por primera vez, dos encuentros consecutivos. El técnico francés apostó, tras la maniobra del Sánchez Pizjuán, por el esquema que mejor le ha sentado siempre, ese 4-3-3 con su tridente favorito en el centro del campo, y tres hombres en posiciones más ofensivas. Esta vez fueron Lucas Vázquez, escorado a la derecha, y Marco Asensio, libre en tres cuartos, pero con salida desde izquierda, los que acompañaron a Cristiano, único punta en el esquema de ataque blanco. Como tal, y como viene siendo costumbre las últimas semanas, con él en el campo, todo el peso ofensivo recae sobre su espalda, peso que de momento está superado al luso.

Cruzando la divisoria, Eduardo Berizzo formaba a los suyos, excepcionalmente, siguiendo dos pautas muy marcadas: presión alta y marcajes individuales de sus dos pivotes (Nemanja Radoja y Marcelo Díaz) sobre la creación madridista (Luka Modric y Toni Kroos). Así, como ya ocurriera ante el Sevilla, Sergio Ramos y Casemiro tomaron especial relevancia en la salida de balón; más el primero que el segundo el domingo, más el segundo que el primero en la noche de hoy. Una vez superada la presión, el Celta replegaba en un 4-4-2 especialmente rocoso, pues pese a descolgar a Pablo Hernández con Iago Aspas, el “Tucu” acababa cercando distancia con sus compañeros atrás. Así pues, el dominio blanco en la primera parte por mediación del balón, quedó en eso.

Marco Asensio y Lucas Vázquez rompían la monotonía.

El desplazamiento horizontal en la medular, con una defensa tan bien formada delante, sirve de bien poco, y salvo destellos de Asensio entre líneas, o desbordes contados de Lucas, el Madrid no era capaz de crear más peligro que el que pudieran generar los balones al área. Con Cristiano más fuera que dentro, la cosa quedó en muy poco. En la segunda parte Zidane romper el ritmo, y el Madrid saltó apretando arriba, pero la lesión de Asensio trastocó todos los planes. Esta vez el francés estuvo poco acertado en su decisión, y fue Álvaro Morata el encargado de ocupar el carril derecho, donde a penas generó algo de peligro.

Iago Aspas, a todo esto, había quedado relegado a un segundo plano hasta el momento. Distanciado de sus compañeros, su papel prevalecía intacto, esperando ese balón que llegara en el momento adecuado, momento que, con Danilo en el lateral diestro madridista, acabaría llegando tarde o temprano. La superioridad de Theo Bongonda cada vez que encaraba desajustando el bloque blanco hacía prever lo peor desde las gradas. Y como una historia que sabe todo el mundo, pero terminan por contar igualmente, la espalda del lateral brasileño desencadenó lo que supondría la primera aparición importante de Iago.

Nadie mejor que Iago Aspas para ejecutar el plan de Berizzo.

Solo Berizzo sabe si este había sido su plan inicial, pero todo apunta a que sí. A pesar de renunciar al balón casi por completo, y de aislar a su estandarte en busca de una jugada concreta, con Iago Aspas en tal estado de forma se torna viable hasta el plan más complicado en el peor escenario. Ni el golpe psicológico que supuso la volea de Marcelo rompieron el carácter de Iago que, otra vez, marcó las diferencias. A penas dos jugadas en noventa minutos le sirvieron para dejar a Zidane sin ideas, y para llevar a Balaídos la ilusión por la nubes.

Imagen: Denis Doyle / Getty Images

Redactado para Garrincha Magazine

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