Jorge Sampaoli ganó la partida de ajedrez

El duelo vivido en el Ramón Sánchez Pizjuán es, muy posiblemente, la mayor batalla táctica vivida durante esta temporada en un terreno de juego, donde, al final, ganó Jorge Sampaoli. Zinedine Zidane volvió a sacar la pizarra a relucir, esta vez para protagonizar la sorpresa de la noche: defensa con tres centrales. Con su centro del campo titular a su total disposición, pero la baja de Gareth Bale en ataque, la única duda podía pasar por quién acompañaría a Karim Benzema y Cristiano Ronaldo pero no, el técnico francés decidió acompañar a Sergio Ramos y a Raphaël Varane con Nacho, dotando de libertad a sus laterales, y reforzando el carril central ante la posible doble punta de ataque del Sevilla.

Perdió con esto presencia ofensiva, pero a cambio logró transmitir durante más de ochenta minutos una sensación de seguridad pasmosa, controlando a la perfección la ocupación de espacios, donde Toni Kroos y Luka Modric tienen poca comparación, y dejando para Casemiro todo lo que se les pudiera pasar a los primeros. La idea, que sobre la pizarra podía parecer muy arriesgada para estrenar en dicho contexto, fue mucho más coherente de lo que se podía esperar, pero tenía mucho margen de mejora.

Jorge Sampaoli tenía otros planes para el encuentro.

El técnico argentino, que sigue demostrando la entidad de su persona como entrenador, no sorprendió, pero sí matizó bastante su esquema para afrontar el partido, apostando por un doble pivote por detrás de Samir Nasri (más caído a la banda derecha), el “Mudo” Vázquez y Vitolo, más escorado en su banda izquierda. A pesar de que a priori, la idea podía parecer mucho más atrevida, el conjunto sevillano supo llevar a la perfección los tempos del partido, dándole una pausa mayor a lo acostumbrado y ralentizando cualquier transición, tanto propia como ajena. Sólo Vitolo verticalizaba con eficiencia el juego de su equipo, pero ante la poca compañía en tres cuartos de campo, se vio demasiado aislado como para hacer corregir con dificultades la transición defensiva blanca. Al nivel del extremo español, o incluso un nivel por encima, estuvo Steven N’Zonzi, dueño y señor de todo lo que pasaba por el círculo central con él delante. Si la apuesta de Zidane era consistente y sólida gracias en gran parte a su tridente favorito, el francés fue la clave de Sampaoli para dotar de equilibrio el centro del campo sevillano.

El punto de inflexión lo puso Pablo Sarabia.

Carvajal, haciendo buen uso de la libertad otorgada por Zidane en el carril derecho y de su explosividad y verticalidad, logró poner en ventaja al Real Madrid, dejando el encuentro en una situación totalmente adversa al Sevilla, que por un momento llegó a ver como se le volvía a escapar un partido contra el Madrid; pero entonces entró Sarabia. Pablo, como ya hiciera hace unos días en la vuelta de Copa, dejó rienda suelta a su pierna izquierda y revolucionó el encuentro, un encuentro que hasta el momento se había mostrado como una batalla táctica, una partida de ajedrez entre Jorge Sampaoli y Zinedine Zidane, pero que acabó reinando en la anarquía el Sevilla, mostrando por primera vez en bastante tiempo una vulnerabilidad en el equipo merengue. Tras cuarenta partidos, no hubo final feliz para el Real Madrid, que puede estar orgulloso de todo lo conseguido; al igual que el Sevilla, que se mantiene segundo en la clasificación y, seguramente, sin haber dicho su última palabra.

Imagen: Gerard Julien / Getty Images

Redactado para Garrincha Magazine

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