En los pies de Oyarzabal

Lo que a priori parecía una de las eliminatorias más igualadas de estos octavos de final de la Copa del Rey, acabó siendo un juego de niños donde Mikel Oyarzabal se divirtió más que nadie, y sólo Manu Trigueros dio algo de luz a los de Fran Escribá.

Fiel a su 4-2-3-1, Eusebio Sacristán salió con todo sabiendo de la importancia del encuentro. El buen momento de la Real Sociedad quedó reflejado en la jerarquía de Asier Illarramendi en el centro del campo y, sobre todo, en el deleite de Mikel Oyarzabal durante los 90 minutos. El primero marcó las diferencias en la primera mitad, donde todo se decidió por dos detalles aislados, al margen del juego, bastante discreto de ambos conjuntos. Los chicos de Eusebio propusieron algo más, con un acierto sobresaliente en la toma de decisiones de Asier. La disputa en todo momento de la posesión entre dos equipos que disfrutan con él, quedó diferenciada por ese único factor; la ausencia de errores propició la inexistencia de peligro amarillo, y a la primera que pudo, Willian José no perdonó un pase entre líneas de Mikel.

El Villarreal notó en exceso la ausencia de Bruno.

Quizás verse abajo era lo que necesitaba el Villarreal para dar un paso al frente y sentirse valiente sin su capitán en el campo. La ausencia de Bruno estaba siendo demasiado evidente, y si encima en tu mejor momento cometes un fallo, puedes llegar a ver cómo se escapan las opciones. Un regalo de Reyes anticipado, obra de Asenjo y Mario, dejó más tocado aún a un Villarreal que comenzaba a ver la eliminatoria cuesta arriba. Comenzó a dominar más el esférico el conjunto de Fran Escribá, pero de poco sirvió ante una Real que con forma de 4-1-4-1, no sufrió nada.

A falta de una buena revolución, y sin nada que perder, Escribá decidió romper el partido a sabiendas de que podía ser la sentencia. Un partido de ritmo bajo dominado a rachas, pasó a convertirse en un correcalles donde quien parecía sentirse más cómodo era Oyarzabal. La banda izquierda txuri urdina, dominada por Mikel dejó paso al gol de la noche, al menos hasta que Manu Trigueros decidió romper el esférico desde casi el centro del campo.

El cambio de ánimo terminó de romper el partido

El impulso que siempre supone un gol dio alas al Villarreal, que dio entrada a Samu Castillejo y Santos Borré para terminar de romper el partido. Ahora sí, Manu Trigueros tiró de galones y el asedio fue amarillo, pero ya era demasiado tarde. La diferencia la había marcado el 18 local, cosa que ya no extraña a nadie, y más allá del resultado, la afición realista puede quedarse tranquila, que el equipo lleva buen rumbo.

 

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