Lucas, Luka y Karim

Desprestigiado por momentos y según quien lo juegue, el Mundial de Clubes tuvo el final esperado, tras un partido de lo más inesperado. No pasará a la historia por ser el mejor partido del conjunto blanco, pero el Real Madrid suma otra victoria y otro título más a su palmarés tras un 2016 sobresaliente.

El comienzo del partido dejaba entrever que, pese a la superioridad presupuesta de los chicos de Zidane, el Kashima no iba a dejarse doblegar fácilmente. Repetía apuesta el técnico francés con el once que más alegrías le había dado hasta el momento, con Casemiro escoltando a Toni Kroos y Luka Modric, encargados de la salida de balón y de la transición hacia la zona alta ante la ausencia de un nexo puro sobre el campo.

Así comenzó el espectáculo de Karim Benzema

La falta de esa pieza que uniera el trivote del centro del campo con el tridente ofensivo forzó a Karim a aparecer donde más le gusta, entre líneas. Aunque su primera intervención destacada fuera todo lo opuesto, finalizando dentro del área y poniendo por delante al Real Madrid. Ante la situación de ventaja, y a sabiendas de la diferencia entre blancos y rojos, ni si quiera la chispa de Lucas en banda derecha fue suficiente para mantener al Real Madrid activo en todo momento. Las fases del partido en la primera mitad fueron más difusas, y el dominio del Real Madrid abusando del triángulo compuesto en el carril diestro por Lucas, Luka y Karim parecía suficiente, pero Shibasaki no estaba por la labor penalizando el único error defensivo merengue.

Hasta que no se ve en peligro, este Madrid no muestra las garras

El 1-1 debió ser suficiente para despertar, pero ni por esas. Shibasaki volvía a poner a prueba a Keylor y volvía a ganar la partida. Ahora sí, la bestia despertaba. Desde su llegada al banquillo blanco, Zidane se ha caracterizado por sus decisiones tomadas durante el transcurso de los encuentros, y una vez más, volvió a demostrarlo, aunque esta vez no fue especialmente para bien. Del 4-3-3 al 3-4-3. Casemiro se instaló entre centrales mientras que Carvajal y Marcelo formaron línea de 4 junto a Modric y Kroos. Ahí sí, desde el lado derecho el Madrid ostentó el dominio total del balón. Lucas se vistió de puñal y con la ayuda de un impresionante Karim, y un gran Modric forzó el empate desde los once metros de Cristiano.

Parecía acertada la decisión de Zidane hasta que decidió dar entrada a Isco en detrimento de un Lucas superlativo que estaba desquiciando a la defensa japonesa. Por raro que parezca, el Madrid perdió por completo el control del encuentro y se vio obligado a sufrir en área propia el continuo acecho del Kashima, que pudo dar la sorpresa del siglo (?).

Cristiano apareció en escena y sentenció como acostumbra

Cumplido el tiempo reglamentario, Cristiano decidió que el juego había llegado a su fin. Benzema disfrazado de mediapunta por enésima vez servía en bandeja el primero del portugués, y del posible 3-3, al 4-2 tras otra finalización sin pega alguna. El desgaste del Kashima no fue en vano, pues dejó claro sobre el campo que hay fútbol más allá de Europa y Sudamérica, pero el premio gordo fue, como viene acostumbrado, para un Real Madrid que sigue con paso firme.

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