La obra maestra de Carlo Ancelotti

El 24 de junio de 2013 el Real Madrid anunciaba la contratación de Carlo Ancelotti. Nunca un entrenador se le había resistido tanto a Florentino Pérez, ni siquiera José Mourinho, que tras ganar el triplete con el Inter, no dudó en venir al club blanco de la capital.

Sin embargo el PSG no era el Inter y no puso ninguna facilidad para el traspaso. A pesar de ello, la predisposición del entrenador italiano a venir a la capital española, hizo que se pudiera realizar el traspaso pese a la negativa rotunda del magnate dueño del club francés.

Después de una etapa convulsa en el vestuario del Real Madrid, llegaba ‘el pacificador’, sobrenombre con el que se conocía a Ancelotti debido a sus buenas relaciones con sus jugadores, y a su saber llevar el vestuario de sus equipos sin desencuentros. Quizás lo que nadie esperaba era que iba a mantener a Diego López en la portería, al menos, en la competición nacional. El debate interminable en la portería siguió durante toda la campaña hasta que al final de temporada, Diego tuvo que salir rumbo a Milán, para poder garantizarse minutos con la llegada de Keylor al Madrid.

No era fácil el reto que se le ponía por delante a Carlo, dirigir a un Real Madrid que venía de un año en blanco, y de una guerra interna que había propiciado más disgustos que alegrías. Jugadores ycuerpo técnico no estuvieron a la altura de lo que el Real Madrid es, ni en los terrenos de juego, ni de cara al público. Futbolísticamente hablando, el trabajo psicológico de Mourinho había conseguido que el mejor Barça de la historia no fuera rival para el Madrid; pero que los equipos “pequeños”, que salían a replegarse y encerrarse, sobretodo en sus estadios, provocaran desconcierto y acarrearan pérdidas innecesarias de puntos, debido a la falta de ideas arriba, y a la poca costumbre de un dominio total del balón.

Pese a todo ello, Carlo aceptó el reto y planteó a la plantilla un cambio táctico total con el balón como protagonista. La idea no era ni la posesión total, como bien predicó Guardiola en su Barça, ni el repliegue y contragolpe de Mourinho en su etapa blanca. Con una plantilla con potencial para ambos registros, la idea era compensar el uno con el otro, y adaptarse a los diferentes encuentros. Sentirse cómodo ante un equipo peleando por la permanencia, y cerrado en su campo, y disfrutar viendo como un aspirante a la mismísima Champions, tocaba y tocaba sin apenas crear peligro en portería merengue.

Un estilo de juego, por qué no decirlo, casi perfecto. Y digo casi, porque tenía y tiene sus pegas.

Dejando a un margen el balón parado, acto de sufrimiento para el Real Madrid durante mucho tiempo, para poder emplear este estilo de juego, el conjunto dirigido por Carlo dependía de un tridente, y no precisamente de la tan laureada BBC (Bale, Benzema y Cristiano), si no del centro del campo:  Xabi Alonso, Luka Modric y Ángel Di María.

El primero se encargaba de sacar el balón jugado, de sostener al equipo en las transiciones ataque – defensa, de incrustarse entre los centrales y de dar el equilibrio necesario para que el equipo no se rompiera.

El segundo, Modric, se encargaba de trasladar el balón a la zona alta. Movía el balón de lado a lado dando apoyos a los delanteros y ayudando en la salida de balón a Xabi cuando la situación lo requería. Vino por unos 40 millones y fue muy criticado en su llegada, a día de hoy, nadie podría imaginar que se convertiría en uno de los mejores mediocentros del mundo entero.

Por último, Di María, la electricidad. El pulmón del equipo. Con una delantera como la del Madrid, el resto del equipo tenía que implicarse algo más en labores defensivas, y aquí es donde Ángel era la clave. Noventa minutos de despliegue físico, ayudas a la zona de Cristiano, ayudas a la banda de Bale, presión alta para impedir salida de balón… Un todo terreno el argentino.

Y así llegamos a la mejor parte para el madridismo, los títulos. En su primera temporada regular, alzó tanto Copa del Rey (frente al Barça en la final) y la tan ansiada décima Copa de Europa (ante el Atlético de Madrid). Muy difícil superar dos finales así en un mismo año.

Pero llegaron los problemas, un equipo de sobresaliente, capaz de hundir y humillar al temido Bayern de Guardiola en su propio campo, quedaba en bragas cuando dos de los tres máximos exponentes del juego de Ancelotti en el campo, abandonaban el club.

Xabi Alonso rumbo a Múnich y Ángel Di María camino de Manchester, dejaban el centro del campo del Real Madrid con un gran vacío. Las incorporaciones de Toni Kroos y de James Rodríguez en el centro del campo no parecían suficientes para solventar una temporada entera a nivel defensivo. Khedira estaba con pie y medio fuera del club, Illarra no contaba con la confianza de Carlo e Isco no era del perfil adecuado para una especie de triángulo, o trivote, con aspiraciones a igualar el de la pasada campaña.

El inicio de temporada dubitativo tampoco ayudaba, después de perder la Supercopa de España ante el Atlético de Madrid, y con derrotas consecutivas ante este mismo y la Real Sociedad, se podía prever que un centro del campo formado por Toni Kroos, Luka Modric y James Rodríguez no era el adecuado en partidos de alta exigencia. Desajustes defensivos y falta de contundencia eran los principales problemas.

Y quién sabe qué fue. Quién sabe si lo tenía planeado así o acabó por surgir debido a la enorme calidad técnica de los jugadores, pero tras esa última derrota en la jornada tres de Liga, el Real Madrid encajó los engranajes y comenzó a exponer una de las máximas bellezas de juego en los últimos años.

Todo quedaba reducido a una sola palabra: reconversión

Carlo hizo, ante la falta de efectivos en posiciones naturales, de la reconversión una táctica natural. Toni Kroos, acostumbrado a tareas ofensivas y siempre resguardado por un mediocentro de corte defensivo, empezó a ejercer de una manera impecable la labor de pivote, al más puro estilo Xabi Alonso. Luka seguía con su magnífica adaptación en temporadas anteriores a esa posición acompañando al centrocampista de corte puro. Y James, ante la sorpresa de muchos, se convirtió en un jugador de ayudas. Tras varias pruebas intercambiando posición con Bale, James consiguió crecer lo suficiente como para convertirse en un interior muy cualificado. En tareas defensivas se implicaba como el que más, y ayudaba en las presiones altas. Eso sumado a su magnífica calidad en la pierna izquierda, prometían noches de ensueño en la Castellana. Todo volvía a su sitio, y el Madrid volvía a ganar pero…

Lo peor que podía pasar, sucedió. Luka Modric lesionado de gravedad, estaría varios meses fuera de los terrenos de juego. Adiós al triángulo de juego, adiós al gran juego del Madrid.

Y aquí es donde vuelve a entrar Carlo en escena, era la prueba definitiva. El primer triángulo formado por Xabi, Luka y Ángel podía haber sido un golpe de casualidad. Las reconversiones de James y Toni Kroos, algo instintivo. Pero ahora se encontraba ante un gran reto, Isco.

El malagueño vino al Madrid como uno de los 5 mejores mediapuntas posiblemente del mundo. Talentoso como ninguno, nadie esperaba lo que iba a ocurrir.

Estamos a 21 de enero, y a día de hoy, Francisco Alarcón, Isco, es quizás uno de los mejores interiores -para algunos mediocentros, debido a sus labores- del momento.

Carlo lo había conseguido otra vez, y esta vez mejor que nunca. 22 victorias consecutivas del Real Madrid (con título de Mundial de Clubes incluido de por medio). Un estilo de juego envidiable, una pegada maestra con un Cristiano Ronaldo a su máximo nivel, un Karim Benzema más tigre que nunca y un Gareth Bale lleno de puro dinamismo. El Real Madrid juega a día de hoy con seis hombres de ataque. Seis hombres, de los cuales, ninguno de ellos llegó hasta aquí por su manera de defender. Ni siquiera por una pequeña aportación defensiva.

Estamos ante posiblemente, la mayor obra de arte de Carlo Ancelotti. Un equipo capaz de atacar por fases con un 2-5-3. Repliegues perfectos de 4-3-3 a 4-4-2. Fases de posesión combinadas con contragolpes de vértigo. Una obra maestra, con una plantilla para muchos años.

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